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Año: 2026 , Número: |
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Un Milani para hoy, o quizá mejor, leído con los ojos de hoy. Este número de Educar(NOS) nace de una pregunta sencilla: sesenta años después, ¿sigue teniendo algo que decir Milani a la escuela? O, dicho de otro modo, ¿qué ha cambiado realmente gracias a su voz?
La primera respuesta podría resultar desalentadora: poco o casi nada. Institucionalmente, su huella apenas aparece más allá de algunas experiencias significativas inspiradas en su trabajo con el alumnado descartado por la escuela oficial. En las facultades de Educación apenas se le nombra y poco consuela comprobar que comparte el olvido con otros grandes de la pedagogía.
Sin embargo, Carta a una maestra sigue siendo un auténtico best seller pedagógico, capaz de impactar y remover las conciencias de docentes y responsables educativos. Como un persistente Pepito Grillo, nos recuerda una y otra vez que el único problema de la escuela son los chicos que pierde.
¿Ha influido esta conciencia en cambios como la reducción del número de repetidores? Probablemente sí. Pero, como nos advierte en este número Francesco Gesualdi, no basta con asumir la propuesta más sencilla de la Carta: las tres propuestas forman un conjunto indivisible. Reducir la repetición en la escuela no puede ocultar un verdadero fracaso escolar y ha de perseguir la formación de ciudadanos soberanos: libres, conscientes, participativos y transformadores. ¿Lo estamos logrando? La respuesta asoma en el panorama actual.
Este número de Educar(NOS) surge al calor de la reciente publicación de Lorenzo Milani en la pedagogía española, que recoge las ponencias de las Cátedras Calasanz de la Universidad Pontificia de Salamanca y, al tiempo, se hace eco del libro Educar és donar la paraula.
El aparente olvido oficial de Milani contrasta con la vitalidad de Carta a una maestra, un clásico vivo. Y tan vivo: mientras cerrábamos esta revista llegaba una nueva edición del libro. Con ella, conviven actualmente cinco ediciones en España —tres en castellano, una en catalán y otra en gallego—, dato tan significativo como el nombre de la nueva editorial que la publica: Irrecuperables.
Volvemos así a la pregunta inicial: ¿cómo puede un texto seguir despertando tanta conciencia e influir tan poco en nuestra escuela? Las páginas que siguen son un intento colectivo de respuesta. Tal vez la clave la dé Manu Andueza: “Milani rompió la escuela”. Barbiana obliga a ir a la raíz. Que la escuela sea para todos, todos, todos, obliga a reinventarla. Y pese a todo —o precisamente por eso—, ¡viva la escuela!
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